10 de julio de 2015

LA VUELTA DEL TOUR

Durante años se ha criticado a los organizadores de La Vuelta ciclista a España por diseñar un recorrido duro, dando pocas opciones a los sprinters, y en el que las contrarreloj no eran tan decisivas  como podrían serlo en el Tour de Francia. No obstante, la espectacularidad que la ronda española ha adquirido en los últimos años no ha pasado desapercibida a ojos de los organizadores de la carrera por etapas más famosa del mundo, que dieron una vuelta a su tradicional libro de ruta.

Foto: Roadciclynguk.com
Habitualmente, siempre se ha dicho que en la primera semana del Tour los grandes favoritos a la general tenían que limitarse a evitar las caídas. Eran etapas de transición, sin apenas dificultades montañosas, propicias para los sprinters. Sin embargo, tras los primeros cuatro días de competición en este 2015 se pueden distinguir grandes cambios en este sentido, partiendo de que ya ha habido cuatro cambios de líder en la clasificación general.

 Los favoritos para copar el podio en París han sufrido ya las consecuencias del duro recorrido de esta edición y, aunque ninguno se ha retirado, en todas las etapas ha habido alguno que ha visto cómo sus principales competidores le sacaban tiempo. La contrarreloj de Utrecht, los abanicos por el viento en Zélande, el muro de Huy y el pavés belga, todos, se han cobrado alguna víctima. Entre lo más destacado se encuentra que Nairo Quintana ya ha perdido 1:56 ante Froome (segundo en la general), 1:38 Nibali y 36 segundos Alberto Contador. El mayor damnificado está siendo Thibaut Pinot, tercero el año pasado, que se encuentra ya a 6:18 del ciclista inglés.

Entre los cambios que se pueden percibir en el recorrido, los más destacados son el número de finales en alto y el de kilómetros de contrarreloj. El Tour ha aumentado el número de puertos en los que se termina una etapa, apostando también por los muros, de poca longitud pero gran porcentaje; de las 6 cimas que albergaron la línea de meta en 2014, se ha pasado a nueve en esta edición. 

Además, la ronda gala ha dejado en un segundo plano a la contrarreloj, haciendo que la montaña adquiera un papel aún más importante. De los 54 kilómetros de carrera contra el crono individual del pasado año, se han pasado a tan solo 13’8 en este, si bien están completados por 28 km de crono por equipos. De esta manera se ha eliminado la contrarreloj de la penúltima etapa, una de las señas del Tour, cambiándola por un final en la legendaria cima del Alpe D’Huez.

De esta manera se puede ver cómo lo que se le criticaba a la Vuelta ha sido adquirido por el Tour para darle un mayor espectáculo al espectador. Los sprinters tendrán que buscarse las castañas en las pocas etapas destinadas para ellos, las contrarreloj no serán tan decisivas y los finales en alto decidirán quién escalará hasta lo más alto del podio ante el Arco de Triunfo.

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